Ayer volví a cruzar la puerta de un estadio y ver una pista. Era de color celeste claro, hecha del mismo material que tenía aquella que pisé en mi segundo Nacional. Ayer fue el mundial de patinaje artístico. Ayer vi a los mejores patinadores a través de mis propias pupilas, y nada más y nada menos que en mi país. Cuando entré al estadio, vi a una profesora que me había dado unas pocas clases para perfeccionarme. Ella siempre dictaba esas minis “clínicas”, y entonces la miré para confirmar que era ella, pero al instante lo supe. Mi memoria no es la mejor, pero las caras las recuerdo detalladamente. Al parecer ella también, porque habrá visto a miles de patinadoras pero sé que me reconoció, con esa mirada tan particular que tiene. Desistí a saludar porque nunca cruzamos un diálogo que fuese más allá de mis imperfecciones en un doble salchow o un touren. Me quedé tranquila porque, en cierto modo, no quería encontrarme con mucha gente. Y de repente me di cuenta que estaba ahí, en...
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